De Virginia Woolf a Gran Hermano
La
sobreexposición de la vida personal, ya sea en Internet o en los reality
shows, no sería solo cosa de egocéntricos perdidos. Para la investigadora
Paula Sibilia, el fenómeno es parte de una nueva sociedad llena de
posibilidades
Sábado 02 de agosto de 2008
En La
intimidad como espectáculo (FCE), la argentina Paula Sibilia escribió uno
de los mejores ensayos sobre el pánico al anonimato que parece recorrer la
sociedad contemporánea. Personas que no dejan secretos por contar en sus blogs
, desconocidos que se hacen famosos por convertir su vida cotidiana en un
programa televisivo y escritores que narran sus historias en una primera
persona que se confunde con la vida del autor formarían parte de una nueva
sociedad, que para Sibilia es inseparable de "la economía, la política,
los deseos y la moral en el capitalismo posindustrial". Por eso, según
ella, no se debería ver a la cultura digital como la principal enemiga de la
cultura letrada. Sencillamente, se trata del sustrato donde florece el Yo
contemporáneo, el tipo de subjetividad que exige el mundo actual, "tan
necesaria y diferente como la que necesitaba la cultura letrada constituida a
partir del siglo XIX".
-¿Por qué un libro sobre el Yo
contemporáneo empieza y termina con Nietzsche?
-Bueno, la verdad es que mientras releía Ecce
Homo se me ocurrió que ahí había una pista interesante para comparar lo que
decía Nietzsche con lo que sucede ahora. Frente a esa suma de exaltaciones, que
en su momento fueron tachadas de megalómanas, excéntricas y superyoicas, pensé
si eso se podía comparar con lo que pasa hoy en día, sobre todo en Internet y
en los medios, es decir, la presunta exaltación del Yo y el triunfo de la
megalomanía, ya definitivamente legitimada. "¿Ganó la apuesta de
Nietzsche?", me pregunté...
-¿Y a qué
conclusión llegó?
-A que no triunfó. Hay una diferencia, y por eso
empecé y cerré con Nietzsche. Al libro lo atraviesa la comparación con el siglo XIX porque es un
momento en el que se constituye un Yo muy definido. Hoy, ese Yo, al que llamo homo
psychologicus, no ha desaparecido, está muy presente en nosotros. Sin embargo,
se encuentra en mutación. La subjetividad del homo psychologicus se está
transformando en otra que se construye a partir de las apariencias, de aquello
que se ve, y no tanto de una esencia oculta y misteriosa, a ser descifrada
constantemente.
-¿En el Yo contemporáneo sólo hay
megalomanía? ¿La sociabilidad que permite Internet no plantea una alternativa?
-Hay
toda una serie de discursos que hablan de Internet. El periodismo, la academia
y hasta el sentido común describen la Red como el escenario democrático por
excelencia: cualquiera puede acceder a una discusión, la sociabilidad es alta y
uno entra en contacto con gente de todo el mundo. Yo no niego eso, que
por supuesto tiene su dosis de verdad; lo que me interesa es ver qué otras cosas pasan, además
de eso. Qué tan democrática y sociable es, y qué tipo de sociabilidad se
produce dentro y fuera de ella, como en los talk shows y reality
shows .
-¿Y cómo
describiría esa forma de sociabilidad?
-Lo
que está claro es que se trata de una sociabilidad dirigida a afirmar el Yo.
Por ejemplo, los comentarios en un blog , o en los fotologs , son
fundamentales. El blog no es un monólogo, como era el diario íntimo, ni
un diálogo consigo mismo. No es un diálogo con la interioridad, no es ese tipo
de sujeto el que escribe un blog . Se trata de un diálogo hacia afuera,
dirigido a los otros; por lo tanto, aquellos que ven esa pantalla escrita
confirman que uno existe, que el narrador, autor y personaje de ese medio,
producto u obra autobiográfica y autorreferente existe. En una cultura de la
visibilidad, o "sociedad del espectáculo", como la llamó Guy Debord
hace 40 años, uno es lo que se ve.
Entonces, esa presencia ajena en las pantallas hace
que el sujeto que se muestra sea real, le da un plus de realidad. ¿Por qué?
Porque se ve, se muestra y sabe cómo hacerlo. Los otros tienen que verlo; eso
es parte de la definición del blog y demás obras virtuales. No es como
el diario íntimo, tiene un sentido completamente distinto.
-¿El Yo no necesita siempre al
otro?
-Sí, ésa no
es ninguna novedad, es algo histórico. Lo novedoso es que la subjetividad
contemporánea necesita desesperadamente de la mirada del otro. El Yo burgués,
del siglo XIX, también la necesitaba, pero no para confirmar su existencia.
Tiene, o tenía, otras referencias capaces de concederle existencia y
legitimarlo: su interioridad, su historia, su sentido, su reflexión sobre el
sentido y todo un ejercicio introspectivo para el cual la literatura, la lectura
y la escritura son fundamentales. Se trata de la cultura letrada.
-Al haber cambiado la subjetividad,
¿la cultura letrada termina por pertenecer a otra época?
-La subjetividad que se conformó en el siglo XIX
era útil en ese contexto histórico. Se construyó en función de esos intereses,
que por cierto no son los actuales. Ese cambio invalida la pregunta sobre qué
es mejor o peor; el contexto histórico es diferente, por lo tanto las
respuestas también deben serlo. Aquella cultura era compatible con ese mundo, del mismo modo que no es
compatible con el nuestro.
-¿Cómo ejemplificaría esa transición?
-Creo
que el mayor ejemplo es el síndrome de déficit de atención e hiperactividad que
padecen muchos niños de hoy. Los chicos conviven -o los obligan a convivir- con
las dos culturas de una manera muy rígida. Por un lado, crecen con todos los
fenómenos vertiginosos de Internet; por el otro, llegan a la escuela y ahí los
tienen cinco horas concentrados en otro universo, como si estuvieran en el
siglo XIX, y les dicen: "ahora leés, ahora escribís, ahora prestás
atención y te concentrás " Bueno, obviamente, eso es incompatible con esa
otra realidad. Tienen que desenvolverse en dos mundos que corresponden a
dos escenarios culturales cuyas subjetividades son muy diferentes.
-¿Vivimos una época en la que a todos
nos afecta cierto déficit de atención?
-Digamos que vivimos en una época de transición, en
la que estamos dejando de ser lo que éramos. Y muchos de nosotros estamos en el
límite entre los dos mundos.
-Según sugiere, la subjetividad actual no es tanto el producto
de los avances tecnológicos como de un proyecto global. ¿Podría ampliar la
idea?
-Para mí, la
situación es muy compleja. No se trata, solamente, de decir "Ahí están
YouTube y Facebook, y ahí están los libros, uno puede elegir lo que
quiera". No. Yo creo que nuestra cultura actual es fruto de más cosas,
además de la tecnología: es consecuencia de proyectos que están en relación
directa con la economía, la política, los deseos y la moral en el capitalismo
posindustrial. Nuestra subjetividad requiere este tipo de esfuerzo y sociedad,
así como el capitalismo industrial requería otros.
-¿No da la impresión de que, al menos
en la Argentina, se considera a la cultura letrada ya no como lo que está
dejando de ser, sino como lo que nunca debería dejar de ser? A veces parece que
se toma como un ideal de resistencia frente a la corrupción de los "nuevos
bárbaros" digitales.
-Es cierto, se ve como un ideal eterno. Y como
estamos dejando de pertenecer a ese mundo, cuando la cultura hegemónica de los
siglos XIX y XX pierde posiciones, se transforma en una cultura de resistencia
que, en realidad, encubre una actitud conservadora, cuyo planteo es el de
volver atrás. Para mí, más interesante que eso es inventar algo nuevo. Tratar
de ignorar lo que está sucediendo me parece que no vale la pena. Mejor es
sumergirse en eso, intentar entender qué hay y por qué ocurre. Supuestamente,
nosotros tenemos más ventajas que los del siglo XIX, porque conocemos los dos
mundos. Y no creo que este
nuevo mundo sea completamente negativo; de hecho, es fruto de muchas carencias
y limitaciones de la cultura letrada.
-¿Como cuáles?
-Bueno, si nos referimos a la cultura constituida a
partir del siglo XIX, no podemos dejar de pensar en la culpa, la represión y la
moral burguesa. Y la condena de tener que ser igual a uno mismo, sin posibilidades
de cambiar. Lo que tenemos ahora es producto de ciertas luchas y conquistas que
hubo a lo largo de los siglos XIX y XX, que incluyen a las vanguardias de
entreguerras y a los pensadores y artistas que se enfrentaron a las tiranías
del Yo burgués. Un ejemplo innegable, el más claro, es la condición de la
mujer. En el siglo XIX, la mujer no era un sujeto, y por eso Virginia Woolf
reivindicaba "un cuarto propio", un lugar para encerrarse y abrirse a
la interioridad. Hoy en día, la reivindicación del "cuarto propio" de
Virginia Woolf no tendría lugar. Las mujeres de clase media ya no necesitan
exigir un cuarto propio para estar a la altura del hombre, pero bueno, ¿cuál
sería hoy una reivindicación comparable? La de inclusión digital. Para ser "alguien"
actualmente se necesita tener acceso a una computadora y saber moverse en
Internet. Si eso no se produce, uno no está en igualdad de condiciones con los
demás.
-Ese reclamo no incluye el derecho a
la introspección planteado por Woolf.
-Exactamente. Es una reivindicación de clase. Hoy
habría que pensar en los cuartos tipo Gran Hermano , de los reality
shows , totalmente invadidos por los medios. Es lo contrario de lo que
pedía Woolf, pero no es necesario llegar a ese extremo: el reality show sólo
prolonga un estado de la cuestión que habita en la relación que tenemos con
nuestra propia computadora personal, una pantalla que no sólo nos trae el mundo
sino que nos muestra al mundo a través de la webcam , las redes
sociales, los blogs y demás.
-¿Hoy se pasa de un mundo al otro
como en la historia de la cultura se pasa del "cuarto propio" de
Woolf al cuarto televisivo de Gran Hermano ?
-Son ejemplos extremos que corresponden a dos
proyectos históricos diferentes. En el ejemplo de Woolf, "el cuarto
propio" era indispensable para abrir lo que había dentro de uno mismo,
porque en esa interioridad había un universo enorme. Ahora, en este nuevo proyecto histórico,
lo que se reivindica para ser alguien no es el derecho a tener ese universo
interno, sino el derecho a mostrarse, a que los otros te vean. ...se
sería otro síntoma de... pero yo quería contestarte otra cosa, ¿qué era?
-Le preguntaba sobre esa idea en la
que, desde la cultura letrada, Internet es sinónimo de ignorancia.
-Sí, eso me parece muy banal. Tan banal como lo
opuesto, que sería ver a la cultura letrada como definitivamente obsoleta. No
creo que el problema se pueda reducir a lo bueno y lo malo. Además, nosotros
estamos en una buena posición, porque conocemos los dos universos; entonces,
hasta podemos inventar un tercero. Torcer el timón sin ir para atrás, sino para
abrir el campo de lo posible, como decía Deleuze.
adn*SIBILIA: Argentina afincada
en Rio de Janeiro, Paula Sibilia es autora de La intimidad como espectáculo
(2008) y El hombre postorgánico. Cuerpo, subjetividad y tecnologías digitales
(2005). Actualmente es profesora de Estudios Culturales y Medios en la
Universidad Federal Fluminense (UFF). Su trabajo indaga los cambios de la
subjetividad, con el cuerpo y las nuevas tecnologías como paisajes de ese
escenario.
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